Los problemas de la adopción del agilismo en las grandes compañías

Implantar metodologías ágiles en grandes compañía va a ser muy costoso. Lo habitual es que se siga trabajando como antes pero incorporando únicamente unas pocas prácticas simples. La mayoría de los intentos ágiles se realizan sobre proyectos pequeños en los que intervienen stakeholders muy controlados. Esos proyectos además, suelen ser desarrollos en los que apenas interviene el negocio y cuyo patrocinio proviene de las áreas de arquitectura de la compañía.

Algunos de los siguientes casos (o todos) frenan la adopción:

  • Directores de TI que no se involucran en el cambio cultural que implica el agilismo.
  • Revistas y periódicos que han pregonado el agilismo como la panacea para la evolución rápida y éxitosa de los negocios.
  • Los desarrollos se subcontratan, normalmente a coste fijo, a proveedores históricos a los que se les ha ido bajando de manera sistemática sus tarifas y añadiendo penalizaciones muy duras. La función de las áreas de compras es conseguir más por menos y, cuando no ha habido diferenciación de proveedores, no acaban de entender otros modelos de contratación ni tampoco otros rangos de tarifas de personal muy experto.
  • Los proveedores no quieren ni oír hablar de agilismo porque es otro factor añadido de riesgo. Llevan años trabajando de un modo y como dice el refrán «más vale lo malo conocido que…». ¿De qué se trata adoptar el cambio? ¿más requisitos de usuario gratis?
  • Las áreas intermedias de gestión, oficinas de proyectos, áreas de demanda, etc., que no desarrollan, no tienen poder para aceptar o priorizar necesidades. ¿Cómo les afectará a su parcela de poder lo nuevos modelos?
  • El cliente de negocio es fuerte y está lejos de las áreas de tecnología, incluso geográficamente. Incluso en ocasiones no está identificado claramente quién es, proyectos transversales, cambios legislativos que afectan a varias áreas, etc.
  • Trabajadores sin inquietudes cuya único objetivo es cumplir el horario y que están cerrados al cambio cultural y de aptitud.

Suena bastante complicado pero con objetivos precisos y no voluntaristas, y con la sinceridad de hasta dónde estamos dispuestos a implicarnos cada uno en el proceso de adopción, seguro que podremos conseguirlo.

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